María y los santos

Hay muchos santos que querían a la Virgen María y que nos pueden enseñar a amarla como madre.

 

San Juan de la Cruz

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A San Juan de la Cruz le gustaba contar a sus hermanos una cosa muy curiosa que le pasó cuando tenía unos cuatro o cinco años. Un día estaba jugando con sus amigos en la orilla de una laguna. Tiraban palos para clavarlos en el agua. Juan quiso coger su palito pero perdió el equilibrio y... ¡al agua! Pronto su boca se llenó de agua sucia. Intentó dar patadas para salir de allí, pero se hundía en el barro. Ya bajo el agua, sentía que le faltaba el aire y que iba a morir.

s juan cruz 2Entonces, vio a una señora muy bella que le miró sonriendo y alargó la mano para sacarle de allí. Juan la miró asombrado pero no quiso darle su mano para no ensuciarla con el barro. Aún estaba contemplando a la señora, cuando llegó un campesino que, viéndolo en peligro, metió un palo grande para sacarlo. Juan se agarró al palo y así pudo salir de ahí. ¿Quién era la señora? San Juan nunca dudó de que era la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Este incidente fue una prueba de que Ella siempre estaría a su lado.

 

San Fernando, Rey de Castilla y León

san fernandoDe niño vivió en la Corte del Rey de León, su padre. Su madre, Doña Berenguela, era muy buena y le enseñó a rezar y a querer mucho a Dios y a la Santísima Virgen.

s fernando 2Cuando Fernando tenía diez años, se puso muy enfermo, de una enfermedad muy rara. Los médicos dijeron a su madre que no había nada que hacer: su hijo se estaba muriendo. Doña Berenguela no perdió la esperanza. Llevó al niño al Monasterio de Oña, donde hay una pequeña imagen de la Virgen. Se quedó allí rezando y llorando a María para que devolviera la salud a su hijo.

¿Sabes lo que pasó? De repente, Fernando se despertó y pidió a su madre algo de comer. ¡Estaba totalmente curado! Su madre se volvió loca de alegría. ¡Imagínate! Y es que la Virgen no puede negarnos nada cuando se lo pedimos con fe.

San Fernando tuvo una gran devoción a Nuestra Madre durante toda su vida, por eso siempre llevaba una pequeña imagen suya cuando participaba en una batalla.

 

San Maximiliano Kolbe

maximilianoLa familia de San Maximiliano Kolbe era muy devota de la Santísima Virgen. Cada año llevaba a sus hijos en peregrinación al santuario nacional de la Virgen de Chestokova, en Polonia.  Él aprendió de sus padres a amar a la Virgen. 
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Cuando era pequeño soñó que la Virgen María venía hacia él con dos coronas en sus manos, una blanca y otra roja. La blanca representaba la virtud de la pureza. Y la roja, el martirio. Le miró con cariño y le preguntó si quería esas dos coronas. Maximiliano le contestó que aceptaba los dos. Entonces, la Virgen le miró con dulzura y desapareció. Tuvo la dicha de recibir las dos.

Maximiliano gastó su vida en tratar de hacer amar y venerar a la Santísima Virgen.

 

San Luis María Grignon de Montfort

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Desde muy joven tenía una gran devoción a la Virgen María. Cuando tenía sólo 12 años ya pasaba largos ratos de rodillas ante la estatua de la Madre de Dios.

Antes de ir al colegio por la mañana y al salir de clase por la tarde, iba a arrodillarse ante la imagen de Nuestra Señora y allí se quedaba como extasiado.

Cuando salía de la Iglesia después de haber estado rezando a la Reina Celestial, sus ojos le brillaban con una luz especial.